
Los mensajes subliminales son la base de nuestra vida. Los vemos en internet, en la televisión, en la radio, en vallas publicitarias, cuando nos hablan nuestros amigos, cuando se callan, cuando te invitan a una copa y cuando vomitamos en el baño de un bar.
Todos esos momentos se perderán, como lágrimas en la lluvia y como todas esas películas de pensar que luego se convierten en cine de culto, maldita la gracia, haciendo que cientos y cientos de seres humanos se sientan capacitados para darte la barrila todo el santo día con que si no te ha gustado la película es porque no tienes sensibilidad. Pero antes de perderse, si son efectivos, estos mensajes cumplen con su misión.
Mi mensaje subliminal es tan sencillo que no tengo ni que ocultarlo. Te necesito. Como no tengo imaginación, necesito que escribas aquí todo aquello que pase por tu limitada cabeza para que yo pueda hablar de ello con mi amigo imaginario. Tú puedes ser quien dé la idea para el primer programa de A Lo Mejor Esperabas Gominolas. Sólo necesitamos un tema del que hablar.
¿Vas a dejar escapar esta oportunidad?


